Extracción

Por: Víctor Madrid

Primera Parte

(Voz en off): Ya vamos a empezar el procedimiento. Cierre los ojos.

¡Ahora sí, cabrón! Estamos tú y yo solos. Por fin te tengo donde quiero; amarrado de pies y manos a este catre de mierda. Voy a aprovechar la operación para arrancarte de mí.

Eso, pendejo; llora, siempre has sido un pinche cobarde.

Esta piedra en el riñón fue lo mejor que me pudo pasar. Estar en mi conciencia, en ti, conmigo. Verte a los ojos mientras te quito las riendas de nuestra vida.

¿Por qué me miras así? Nunca te ha gustado hablar con groserías, ¿verdad? Hasta anestesiado eres un pinche puto.

¡Te odio por tu falta de huevos, pinche pendejo de mierda!

Te odio por no saber poner límites; por decir sí cuando tenías el “No” en la punta de la lengua.

Te duelen mis palabras, ¿cierto? Ojalá te quemen esas lágrimas como me están ardiendo a mí.

Siempre quise arrancar tus “pocos huevos” de mí, y ni en sueños me hubiera imaginado que la anestesia me daría esta oportunidad.

No me adelanto. Voy a matarte, pero antes quiero verte sufrir.

Segunda Parte

(Voz en off): Ya vamos a empezar el procedimiento. Cierre los ojos.

Estoy acostado. Mis brazos amarrados a los barandales de este catre que huele a orines. Mis piernas sujetadas por dos correas. No me puedo mover.

Estás de pie. A mi lado. 

–¡Ahora sí, cabrón! Estamos tú y yo solos. Por fin te tengo donde quiero: amarrado de pies y manos a este catre de mierda.

No puedo creer lo que escucho. Estar solo contigo en nuestra conciencia y recibir tus reclamos por mi falta de valor; si todo lo que hice fue procurar nuestra salvación.

Eso no te importa; clamas venganza por mis “pocos huevos”. Ojalá la operación acabe pronto y nos despierten. Me da miedo verte así.

–¡Por favor, no me lastimes!– Suplico entre lágrimas y mocos, pero no escuchas. Los oídos sólo atienden la llamada de tu odio. Tan tuyo, tan mío.

Te montas a horcajadas sobre mí y murmuras:

–Voy a matarte, pero antes quiero verte sufrir.

Siento tu aliento cuando te acercas, me hundo en tus pupilas. Abres esa boca que también es mía y nos arrancas la nariz. Entre la sangre y tu peso no puedo respirar. Me quiebras las costillas.

Tus garras se cierran alrededor de mi cuello; aprietan. Siento tus lágrimas quemándome los ojos. Me pierdo en tu mirada mientras terminas conmigo, contigo.

(Voz en off): Ya acabó la operación, ahora lo llevamos a su cuarto.

Es tarde, no escucho nada más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *