Gula

Por: Aglaya Razo

 

Estaba fría y con la mirada colgada en una esquina cuando él llegó.

–Desnúdate– le ordenó, pero le arrancó la ropa.

Le gustaba verla asustada, nula, indefensa, en el suelo. Pasó la navaja entre sus muslos y cortó un pedazo; voraz lo metió en su boca y, mientras lo masticaba como un manjar, se acercó a su oído y le dijo en voz muy baja: “Eres mala”.

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