La pelota cuadrada

Por: Silvia Espinosa

Morelia; mi lugar favorito durante las vacaciones de verano era la casa de mi abuelita, ahí vivía mi tío, el hermano menor de mi mamá.

Era un tipo muy misterioso y su recámara era el lugar más interesante de la casa; escuchaba discos que ostentaban una manzana al centro, su mascota era un perro dóberman que me daba mucho miedo, aunque nunca me hizo nada, y siempre tenía una gran mentira.

–Tómate esta pastillita y así no vomitarás durante el viaje–. 

¡Y no vomité!, aunque después descubrí que lo que me dio fue sólo un Mejoral.

“Si te portas bien, te regalo una pelota cuadrada.

Si te bañas, te regalo una pelota cuadrada.

Si te duermes temprano, si no lloras, si sacas buenas calificaciones…”

Siempre obedecí e hice todo lo que me indicaba esperando mi pelota cuadrada.

Un día se fue y nunca lo volví a ver, no sé nada de él, pero lo recuerdo y lo extraño.

Ahora que soy una buena niña pienso que quizá es tiempo de buscarlo y pedirle la pinche pelota cuadrada.

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