Descripción

Por: Chema Frías

Mi madre siempre me prometió que, cuando se sacara la lotería, me compraría uno.

Nunca la ganó, por lo que tuve que esperar muchos años para poder hacerme de ti. Obvio que eres una versión reducida al mínimo por la tecnología. Que sin electricidad no podría escucharte, pero a veces te acaricio en silencio, sólo para ejercitar mi toque y conjurar que algún día llegarás a desconocer estas manos. Porque eres celoso, demandante y, entre más tiempo paso contigo, más te entregas, más correspondes a mis dedos. Tienes tantos secretos guardados, tantas joyas ocultas, tantos colores en tu aparente bicromía.

Los perezosos, los malos amantes suelen acariciar sólo tu parte blanca. Y, aun así, les regalas maravillas. Quienes te aman de verdad te acarician por completo; tu parte luminosa y tu parte oscura, saltando tus doce escalones, siete blancos, cinco negros, que se repiten hasta sumar ochenta y ocho, con todas sus posibilidades y sus infinitas combinaciones.

Hace unos días me pidieron que te describiera:

Una larga dentadura con huecos.

Una blanca planicie con oscuras cordilleras uniformes.

La columna vertebral de la mejor amante.

Una pasarela acústica, mitad zipper, mitad riel.

Una escalera horizontal, sonora, que transita de las frecuencias más altas a las más profundas.

En resumen, una escalera que, por ambos lados, conduce al paraíso.

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