Sobrevivencia de una pulga

Por: María García Daniel

Nacido en nuestro Curso de Narrativa Chingona

Llevo dos días despertando y huyendo.

Todas las mañanas es lo mismo; no hago más que dormir cerca de la oreja de este inútil cachorro y de repente me despierta ese maldito cepillo que me hace huir.

Al momento en el que siento al perro vibrar de emoción, por ver a su amo, salgo saltando por todo el lomo. En el camino me encuentro dos pulgas igual de asustadas y adormiladas; somos muy pocas aquí porque ese cepillo ha exterminado a casi todas nuestras compañeras. No debo dejar que me vean o será mi fin.

Corro, corro muy rápido hacía la cola. Es el lugar más difícil para que me encuentren, pero el más peligroso, porque este perro la mueve como loco y me marea.

Sigo corriendo y saltando, viene el cepillo por el lomo, me voy hacía la panza, me meto entre todos esos grandes pelos en movimiento, siento al perro echarse patas arriba y termino de rodearlo evitando las partes sin pelo para volver al lomo. Camino de cabeza hacia la cola, él se sigue moviendo contra el piso y eso me da seguridad para llegar a mi destino sin ser descubierta.

Ya no veo a las otras dos pulgas y el perro sigue de espaldas, seguro ya las encontraron.

Falta poco para que llegue a la cola, sigo corriendo y justo cuando el perro se levanta llego hasta la punta. Estoy a salvo.

El perro ya está tranquilo y se va a su cama. De un salto bajo a las cobijas. Ya casi no hay pulgas, han acabado con todas. Me da coraje, ¡tenemos derecho a vivir!, un perro no es perro si no tiene pulgas.

Estúpido cachorro. Desde su pelota lo veo dormir tan tranquilo y de un salto regreso a él sólo para despertarlo. Le muerdo la panza y como un poco hasta que se da cuenta y empieza a rascarse con sus dientes babosos. Me da risa cómo se rasca con desesperación.

No sé si la risa me está mareando pero me siento un poco mal. Creo que fue la comida de hoy, sabía un poco diferente. Mejor me voy a dormir un rato debajo de su oreja porque está calientito.

El camino se me hace más largo que de costumbre, ¿habrá crecido el perro? Ya estoy llegando y veo algo que no estaba antes; un objeto blanco y un poco polvoso alrededor de su cuello. Paso debajo de esa cosa, la chupo un poco y reconozco el sabor de mi comida de hace un rato.

Eso me está mareando. Apenas logro llegar a la oreja; no sé si este perro ya se pudrió o soy yo, pero me siento muy mal. Empiezo a quedarme dormida y ya no siento nada; ni movimientos, ni vibraciones, nada.

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