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Dinero fácil

Por: Mónica Navarro

Qué bueno que ya no soy teibolera. En mis tiempos eso era otra cosa; los hombres te veían con deseo, con codicia; incluso con admiración, pero no iban por ahí pensando en asesinarte y dejarte destazada adentro de una bolsa de plástico.

Ahora que viene lo del Día sin mujeres, pienso que las chavas de los téibols son las primeras que deberían no presentarse a trabajar; a ver si el gerente aguanta al cliente mamón que quiere que te tomes la copa despacio para tener más tiempo de estarte sobando la pierna o al pendejo que te pregunta: ¿Son tuyas?, a ver, déjame agarrarlas.

Cuando me salí del ambiente, una amiga me consiguió trabajo como asesora de ventas, Si sabes vender bailecitos pendejos, va ser bien sencillo que vendas franquicias, me dijo, y yo le creí. Vender no era tan complicado, lo cabrón era tener que subirme al metro en hora pico cuidándome de que no me agarraran el culo o me robaran la bolsa donde traía mi computadora; lidiar con los clientes que me devoraban con los ojos y me invitaban a comer para “cerrar el trato”; y tener que soportar sus alientos pestilentes a cebolla, café y cigarro mezclados con sudor rancio. Lo peor era aguantar la mirada lasciva del dueño de la empresa y su mano sudorosa sobre mi hombro cada vez que se acercaba para decirme: Muy bien, Marianita, mañana firmamos con los Rodríguez. Y de paso se asomaba a mirarme las tetas que, por más que yo intentaba cubrir, solitas se asomaban las muy traicioneras.

Pareciera que trabajar en un téibol es dinero fácil, pero no es cierto; las mujeres siempre estamos jodidas, la diferencia es que cuando bailas no tienes que levantarte antes del amanecer para salir corriendo como loca a tomar el transporte público y, aunque sí hay horarios, tú eres tu propia jefa y sólo tú sabes cuánto quieres ganar, y si te acuestas con un cabrón es por diez mil pesos y no para que te dé una pinche firma para un contrato donde tú sólo vas a ganar tu miserable sueldo de ocho mil varos mensuales, ¡mensuales!

Yo creo que bailar en un téibol no es dinero fácil, pero sí es dinero rápido; lo que en una oficina ganarías en un mes, ahí lo ganas en una noche de aguantar a un montón de cabrones que te meten mano, pero al menos no fingen que son buenas personas; toda una noche durante la cual te van a agarrar las nalgas igualito que en el metro, pero al menos acá te van a pagar y te van a dar la cara, no como los cobardes que en la calle te nalguean y luego se hacen pendejos o, peor aún, se ríen frente a ti y tú no alcanzas a decirles nada porque sigues sin entender lo que te acaban de hacer y además de todo sientes vergüenza porque en alguna parte de tu mente alguien grabó que seguramente es tu culpa por ir vestida como vas. En el téibol sí te vistes para verte bien puta, y como tal, cobras por la manoseada.

Hoy bailar ya ni siquiera es dinero rápido. Las amigas que siguen taloneando me cuentan que la situación está cada vez más cabrona: el gobierno ha ido cerrando casi todos los lugares con el pretexto de que andan rescatando mujeres víctimas de trata, cuando en realidad lo único que quieren es que los dueños se mochen con su respectiva comisión para poder laborar. Yo las escucho y recuerdo todo lo que he tenido que aguantar, tanto en el téibol como fuera de él. La vida no está nada fácil y cada vez da más miedo ser mujer. Mi único consuelo es que, al menos, ya no soy teibolera.

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